Cómo se defiende la industria de la confitería frente a la ola de campañas contra el azúcar

Cómo se defiende la industria de la confitería frente a la ola de campañas contra el azúcar

 

 

Cómo se defiende la industria de la confitería frente a la ola de campañas contra el azúcar

 

 

Son las 10:00 a.m. y estoy parada en medio de un palacio de azúcar en tecnicolor. Es una exhibición al estilo de Willy Wonka de indulgencias tentadoras.

 

 

Frente a mí pasa una botella gaseosa de tamaño humano, ofreciendo un cubo de dulces sin fondo, pero antes de que pueda tomar uno, un hombre con un traje azul marino agarra un puñado y luego mira furtivamente a su alrededor para ver si alguien se ha dado cuenta.

 

 

No debería preocuparse, porque durante 4 días, ese anodino centro de convenciones en Colonia, Alemania, acoge la feria de golosinas y pasabocas ISM, la más grande de su tipo en el mundo. Y eso significa que lo que hay para comer al desayuno, almuerzo y cena, son dulces.

 

 

En lo que ahora es un homenaje anual a los productos de confitería y bocadillos, hay 1,656 expositores que cubren 110,000 metros cuadrados de espacio de piso.

 

La magnitud de esto es alucinante, pero tal vez no sea sorprendente si se considera que, según la compañía de investigación de mercado Euromonitor International, el valor del mercado global de confitería alcanzó US$193.500 millones el año pasado.

 

 

Las ventas de chocolate solas valieron US$109.500 millones.

 

 

Pero con los fabricantes de alimentos bajo una presión cada vez mayor para reducir el contenido de azúcar de sus productos, ¿qué están haciendo las empresas dulces?.

 

 

Chocolate para el desayuno

 

 

Robbert Vos y Lennart de Jong, fundadores de la firma holandesa Hagelswag, no le hacen caso a la campaña contra la dulzura: de hecho, instan a sus clientes a que empiecen el día comiendo chocolate… en el desayuno.

 

Según Vos, es “la mejor manera” de comerlo “porque uno se siente feliz por el resto del día”.

 

“Los holandeses han estado comiendo chocolate al desayuno durante más de 100 años y la mayoría de los ingleses dicen que es como un sueño hecho realidad. Después de los Países Bajos, los estadounidenses y los británicos son nuestros principales clientes”, dice.

 

Habiendo comenzado la compañía en 2016 a través de una campaña de Kickstarter para recaudar US$34.000, ahora se venden a más de 50 países.

 

Pero sus productos no son baratos: cada botella de 250 gramos cuesta unos US$18.

 

“Utilizamos chocolate de muy alta calidad, no es un producto de mercado masivo y la gente está dispuesta a pagar más por él”, señala Vos.

 

La disposición a pagar más es, de hecho, un síntoma de un sentimiento más generalizado del consumidor, asegura Ivan Koric, analista senior de alimentos y bebidas de Euromonitor International.

 

“En mercados maduros como Europa Occidental y América del Norte, una de las tendencias más fuertes es la “premiumización“. Las personas están dispuestas a gastar más en un producto que creen que les da un valor agregado”, dice.

 

Y Koric añade que los consumidores en los mercados maduros están eligiendo sus bocadillos con más cuidado.

 

“Están comiendo mejor pero menos. A eso lo llamamos ‘indulgencia consciente‘. Por ejemplo, la gente que quiere reducir su consumo de azúcar”.